El sueño de la casa propia es uno de los más transversales entre las personas. Lo tuvieron tus padres y también lo tienes tú.

Imaginas a tus hijos jugando en el patio, el lugar para los asados, la terraza, los amigos que te vendrán a visitar…

Es comprensible, ya no quieres seguir pagando arriendo. Pero antes de dar el paso hacia tu propia vivienda, debes pensarlo con calma. Comprar una casa es una de las decisiones más importantes de la vida e implica un compromiso de pago de largo plazo.

De tus ahorros y de cuanto puedas pagar mensualmente en función de tus ingresos, gastos y deudas, sin poner en riesgo tu salud financiera dependerá la propiedad a la que podrás aspirar. Recuerda que el punto de partida es ahorrar para un pie y –a partir de entonces– analizar el crédito.

En el siguiente video te explicamos la relación que existe entre el plazo de un crédito y el monto de los dividendos.

Fíjate en el dividendo final que tendrás que pagar. Lo indicado es que no supere el 25% de tus ingresos. Como es un compromiso a muchos años, no puedes poner en riesgo el pago de otros compromisos indispensables como la alimentación o el colegio de tus hijos.

Para no arriesgar tu salud financiera debes tener claro que mientras mayor sea el pie que aportas, menor será la deuda que contraerás, así como también menor será el plazo al que puedes optar para pagar. Por lo tanto, a veces es preferible esperar un poco, ahorrar y aportar un pie mayor para acceder a mejores condiciones.

Ten en cuenta que hay tres tipos de tasas: la fija, que es igual para todo el plazo del crédito; la flexible, que varía durante el plazo del crédito; y la mixta, que es fija durante algunos años, y variable en otros. Compara y resuelve qué tipo de tasa se acomoda más a tu proyecto de vida.

Cotiza créditos hipotecarios en más de una institución y compara la CAE para acceder a las mejores condiciones. No olvides también cotizar los gastos operacionales, los seguros asociados al crédito y preguntar por las condiciones de prepago.

La compra de una casa es un proceso largo que tiene un detallado paso a paso.

Comienza con el ahorro, continúa con el análisis del monto por el que te puedes endeudar y finaliza con la inscripción de la propiedad a tu nombre en el Conservador de Bienes Raíces.

Si realizas este proceso con calma, planificación, conocimiento y responsabilidad, podrás no sólo cumplir el sueño de la casa propia si no que  también realizarás una de las mejores inversiones de tu vida.

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